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La Coctelera

EL PORTAMINAS: diario de un novato

Categoría: El telegrama

23 Marzo 2010

Por cierto, ¿qué día es hoy?, preguntó indiferente uno de los ancianos que jugaban al dominó; hacían casi cuarenta años que llevaban reuniéndose en torno a la misma mesa. Desde que el nuevo médico le había cambiado las pastillas para el riego, notaba que se le olvidaban las cosas fácilmente. Sabía que terminando la semana tendría lugar un acontecimiento especial, pero no lograba recordar cuál.

- Faltan tres días para el cumpleaños -le contestaron-.

Asintió agradecido y, sonriente, cerró los ojos esforzándose en imaginar cómo hubiera sido cumplir noventa años fuera de aquella prisión.

- ¿Por qué estoy aquí? –preguntó nuevamente-.

Esta vez nadie le respondió.

2 Septiembre 2009

Hace un calor de mil diablos. Al salir a la calle he recordado la escena de la película "El Exorcista", cuando el padre Karras entra en la habitación y el frío lo domina todo. Nunca antes había reparado en la contradicción que representa que al demonio, morador de los infiernos, le gusten los lugares fresquitos.

Las vacaciones son para evadirse, desconectar y disfrutar de lo que, durante el año, nos es denegado. Una posesión en el crudo invierno bien vale la pena buscando huir de los ardores perpetuos y, el agotamiento tras un exorcismo es la prueba de que solemos llegar a casa más cansados y cabreados de lo que estábamos antes de irnos.

20 Mayo 2009

La fatiga del turno de noche se hace evidente al tercer día. Viviendo en una gran ciudad, es difícil conciliar el sueño por la mañana. Por suerte contamos con las todopoderosas endorfinas. Las hormonas de la felicidad. El analgésico natural del rico y del pobre. Panecéa del alma que esconde ojeras y despunta deslumbrando en la sonrisa de ánimas cansadas.  Opiáceo barato, se generan haciendo el amor o practicando deporte.  Ahora soy un hombre feliz.  Acabo de llegar del gimnasio.

19 Mayo 2009

La única gloria que había dejado la mañana se quedó en la empresa. Estaba cansado por el madrugón, tenía hambre y la peonza seguía girando a cada vuelta en busca de aparcamiento.

- ¿Cómo se os ha ocurrido colocar eso ahí? –pregunté-.

Cuando la mujer oriental contestó : “Le estoy muy agradecida por hacernos ver nuestro error”  supe que, aun teniendo razón, había perdido la batalla.