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La Coctelera

EL PORTAMINAS: diario de un novato

Categoría: La sábana Santa

17 Noviembre 2009

Continuación del informe de John H. Heller...

Posteriormente, un informe del doctor Robert Bucklin, médico forense de la ciudad de los Ángeles, me dejó ligeramente pensativo. Omitiendo algunas expresiones típicas de la jerga médica, decía:

Sea cual sea su origen, disponemos de información suficiente para afirmar que las imágenes son anatómicamente correctas. Sus características patológicas y fisiológicas son claras y revelan unos conocimientos médicos ignorados hace 150 años.

Se trata de una varón de raza caucásica que medía 1,80 metros de estatura y pesaba casi ochenta Kilos. Se perciben las siguientes lesiones: comenzando por la cabeza, hay señales de sangre que fluyó de numerosas heridas punzantes en la parte superior y trasera del cuero cabelludo y la frente. Se distingue una herida en la muñeca izquierda; la derecha está cubierta por la mano izquierda. Se trata de una lesión típica en una crucifixión. La imagen clásica y legendaria de los crucificados con clavos atravesándoles las palmas de las manos es falsa: las manos resultan demasiado frágiles para soportar el peso de un hombre.

El informe pasaba a enumerar las heridas: marcas de azotes, al parecer causadas por un látigo romano llamado flagrum; hinchazones en ambos hombros, reveladoras de que, pocas horas antes de su muerte, el hombre había llevado algo tosco y pesado sobre ellos; una incisión estrecha en el costado derecho; pies atravesados por un clavo largo. Los paralelismos entre el informe de Bucklin y el relato evangélico eran evidentes.

El informe del forense supuso para mí un nuevo contacto con la Sábana Santa. Anteriormente había leído un artículo publicado en la revista Science, una de las publicaciones científicas más importantes del mundo. Hablaba de los trabajos de un equipo de científicos, miembros de instituciones de gran prestigio, que durante varios años habían estado estudiando la Sábana Santa y que, en 1978, iban a continuar sus investigaciones en Turín. Al frente del equipo estaba John Jackson, físico de la Academia de la Fuerza Aérea norteamericana.

13 Noviembre 2009

Antes de empezar a profundizar en el tema de las pruebas realizadas y las conclusiones obtenidas, me gustaría tratar en las próximas entradas las penurias, simulacros, problemas de financiación y anécdotas del grupo de personas que tuvo la oportunidad de analizar seriamente la Sábana Santa por primera vez. Creo que es la parte de esta historia menos conocida, y que no por ello debiera resultar en el olvido por parecer la menos importante.

En 1978, un grupo de científicos norteamericanos fue autorizado a analizar directamente el tejido y a utilizar el material técnico más moderno en la realización de pruebas físicas, químicas y biológicas. El objetivo era encontrar una explicación racional de las imágenes, que resolviera de una vez por todas la controversia. Es evidente, pasadas tres décadas, que no lo consiguieron.

Lo que vais a leer desde hoy y bajo el título "Los ojos de la ciencia", está sacado de un condensado del informe escrito por el doctor John H. Heller, catedrático de medicina interna y de física en la Universidad norteamericana de Yale.

Nunca había oído hablar –ni mucho menos visto una fotografía- de la Sábana Santa. Cuando en 1978, la vi, me sentí sorprendido. Pensé que sería algo parecido a las pinturas o imágenes de Jesucristo que ya conocía. Pero era algo distinto; nadie podía describirla como un objeto artístico.

Yo no sabía que la fotografía que tenía ante mis ojos había sido retocada; en realidad, las imágenes de la Sábana son tan tenues, que sólo son visibles a una distancia de uno o dos metros. A una distancia superior, se confunden con la textura del tejido. Además, en la fotografía, las imágenes estaban al revés; eran unos negativos donde lo blanco y lo negro, la izquierda y la derecha aparecían invertidos. Decir que no quedé impresionado no sería del todo justo.

8 Noviembre 2009

Al contrario que en los cuentos, todo comenzó con una boda, la de Vittorio Emanuele III y la princesa montenegrina Elena Petrovich-Niegos. La Casa Real de Saboya estaba tan contenta por la unión que decidió exponer la Síndone durante unos días, concretamente del 25 de mayo al dos de junio de 1898.

El afortunado fotógrafo, el prestigioso abogado Secondo Pia, tomó las fotografías en condiciones casi imposibles.

En Mayo de 1898, acercándose la fecha de la solemne exhibición de la Santa Sábana, se me solicitó fotografiar la reliquia. Yo me ofrecía a realizar el trabajo, a cuenta mía (recuérdese que la fotografía era una afición sumamente cara) y con la renuncia a cualquier posible derecho. Esta propuesta, con el importante apoyo del Barón Antonio Manno, que me honra con su amistad, fue cálidamente aceptada por el Soberano, Su Majestad Umberto, quien tuvo la fineza de concederme un exclusivo permiso. Mi preocupación era intensa y profunda, especialmente porque tenía que fotografiar un objeto que nunca antes había visto. Según quienes le habían visto en anteriores exposiciones, la Santa Sábana presentaba apenas unas débiles imágenes. Más temores me producían los problemas de la iluminación y las condiciones en las que debería operar.

El primer día dos lámparas eléctricas de desigual intensidad –las primeras que se utilizaban en un evento como éste- le hicieron imposible lograr una impresión en la primera sesión. Al día siguiente, la tarea fue igualmente imposible: a las luces desiguales se sumaba la colocación de un vidrio que se había puesto para impedir el maltrato de la reliquia. Pero el abogado siguió intentando desde el estrado especial que había solicitado levantar, siempre detrás de su cámara de 50 x 60 centímetros. Finalmente, pese a las dificultades y a la distancia –8 metros del altar- el abogado fue capaz de realizar sus fotografías.

Expuse dos placas de 50 x 60 centímetro, una con una exposición de 14 minutos y la otra con una exposición de 20 minutos utilizando un lente Voigtlander con un diafragma de dos milímetros. Puse delante del lente un filtro amarillo muy leve usando placas ortocromáticas de la firma Edward, reveladas con una solución normal de oxalato ferroso sin ninguna preparación química especial que pudiese alterar de laguna manera el resultado usual del revelado. Encerrado en el cuarto oscuro, concentrado sobre mi trabajo, sentí una gran emoción cuando, durante el revelado, vi aparecer primero el Santo Rostro en la placa con tal resolución que me sorprendí y alegré pues desde ese momento pude estar seguro del buen resultado de mi obra de arte.

El primer descubrimiento del abogado turinés fue que la imagen en realidad era el "negativo" de la impresión de un hombre difunto: En efecto, si la imagen aparecía como un "perfecto positivo" el objeto no podía ser otra cosa que un "perfecto negativo".

El primer estudio serio tardaría unos años en llegar. En la próxima entrada viajaremos hasta el año 1977.

7 Noviembre 2009

Fotografía frontal original de la Sábana Santa.

Parece mentira que un color, el marfil claro, el mismo que tiñe la controversia suscitada desde hace siglos sobre la autenticidad o falsedad de la Síndone de Turín, siga siendo debate y motivo de enfrentamientos entre científicos, ateos y creyentes desde que apareció en Europa por primera vez allá por el año 1355.

La primera conferencia a la que asistí en mi vida, en mis años jóvenes, precisamente versaba sobre la Sábana Santa. Recuerdo el nerviosismo con el que entré a la sala de conferencias, así como la sensación de miradas que se convirtió en mi asombro hacia el conferenciante que exponía todas y cada una de las pruebas, hipótesis, experimentos y marcas grabadas sobre el tejido que se conocían hasta el momento. A la salida, supe que para mí, el tema no acabaría allí en esa fría tarde que agonizaba ya bajo el manto de la noche.

Aproximadamente desde hace un mes, el fuego del debate se ha avivado de nuevo y las opiniones lanzadas como balas entre defensores y detractores se siguen entremezclando como polvo y pólvora - sin saber cual es debido al paso del tiempo y cual a la batalla-, desde que el bueno de Secondo Pía tomara una fotografía que se convertiría en la imagen de las casualidades por excelencia.

Para muestra un botón:

Octubre de 2009

Mediante la reproducción de una copia del sudario “sabana santa”, a cargo del científico Italiano docente en química Luigi Garlaschelli, en la universidad de Pavía al norte de Italia, utilizando técnicas y materiales del año 1300, pudo comprobar con esta hazaña, su tesis de que la “sabana santa” era una falsificación de la edad media.

Noviembre de 2009

El médico italiano y profesor titular de Medicina Legal en la Universidad de Turín, Pierluigi Baima Bollone, sostiene que la Sábana Santa es "auténtica". Bollone sentenció que apostaría "todo lo que ha ganado en su vida" a que el sudario de Cristo es el verdadero.

Con esta y sucesivas publicaciones de reflexiones dentro de “El Portaminas” sobre la Síndone de Turín, pretendo transmitir la fascinación por el asunto e intentar que el debate se instaure en el blog. Muchos argumentos ya nos sonarán y otros nos sorprenderán, pero os aseguro que la cuenta atrás ha empezado y que el tiempo arrojará  una catarata de datos escritos en tinta ya que el dos de mayo del 2010, Benedicto XVI venerará la Sábana Santa.

La cuestión es:

¿Es la sábana de Turín la que realmente envolvió al cuerpo de Jesucristo muerto?

 

 

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