Continuación del informe de John H. Heller...
Posteriormente, un informe del doctor Robert Bucklin, médico forense de la ciudad de los Ángeles, me dejó ligeramente pensativo. Omitiendo algunas expresiones típicas de la jerga médica, decía:
Sea cual sea su origen, disponemos de información suficiente para afirmar que las imágenes son anatómicamente correctas. Sus características patológicas y fisiológicas son claras y revelan unos conocimientos médicos ignorados hace 150 años.
Se trata de una varón de raza caucásica que medía 1,80 metros de estatura y pesaba casi ochenta Kilos. Se perciben las siguientes lesiones: comenzando por la cabeza, hay señales de sangre que fluyó de numerosas heridas punzantes en la parte superior y trasera del cuero cabelludo y la frente. Se distingue una herida en la muñeca izquierda; la derecha está cubierta por la mano izquierda. Se trata de una lesión típica en una crucifixión. La imagen clásica y legendaria de los crucificados con clavos atravesándoles las palmas de las manos es falsa: las manos resultan demasiado frágiles para soportar el peso de un hombre.
El informe pasaba a enumerar las heridas: marcas de azotes, al parecer causadas por un látigo romano llamado flagrum; hinchazones en ambos hombros, reveladoras de que, pocas horas antes de su muerte, el hombre había llevado algo tosco y pesado sobre ellos; una incisión estrecha en el costado derecho; pies atravesados por un clavo largo. Los paralelismos entre el informe de Bucklin y el relato evangélico eran evidentes.
El informe del forense supuso para mí un nuevo contacto con la Sábana Santa. Anteriormente había leído un artículo publicado en la revista Science, una de las publicaciones científicas más importantes del mundo. Hablaba de los trabajos de un equipo de científicos, miembros de instituciones de gran prestigio, que durante varios años habían estado estudiando la Sábana Santa y que, en 1978, iban a continuar sus investigaciones en Turín. Al frente del equipo estaba John Jackson, físico de la Academia de la Fuerza Aérea norteamericana.
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Antes de empezar a profundizar en el tema de las pruebas realizadas y las conclusiones obtenidas, me gustaría tratar en las próximas entradas las penurias, simulacros, problemas de financiación y anécdotas del grupo de personas que tuvo la oportunidad de analizar seriamente la Sábana Santa por primera vez. Creo que es la parte de esta historia menos conocida, y que no por ello debiera resultar en el olvido por parecer la menos importante.

