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La Coctelera

EL PORTAMINAS: diario de un novato

Categoría: RECUERDOS DEL FUTURO

20 Septiembre 2009

Anoche me crucé por la calle con el Padre César. Los que visitáis esta casa desde hace tiempo recordaréis cuán escabroso fue el comienzo de nuestra relación.

(Bajezas de Alcalá: ateo por unas horas y Bajezas de Alcalá: ateo por unos días (el sustituto).

Hacía tiempo que no le veía. Dejé de ir a mi querida ermita de siempre, la de mi infancia, decidiendo acudir cuando él se hizo cargo de su gobierno a otros templos más humildes y con los altares más cercanos o siquiera más centrados en la distancia entre las parcelas celestiales y las terrenales. Bien porque haya leído las publicaciones, bien por lo que hablamos en una entrevista personal en su despacho, conoce exactamente cual es mi pensamiento respecto a su gestión, predicado e interpretación de la palabra de Dios.

Aún así, siempre que coincidimos me saluda y si las prisas no son muchas intercambiamos alguna que otra palabra. Es una lástima que la humildad de la persona de a pie se vea engullida tras el atril por el Mister Hyde transformado por un adoctrinamiento de resultado un papismo más grande que el del Papa y que, por mi parte, una más que probable esclavitud de ideas haga más difícil el acercamiento. Con todo, el turbador encuentro es a la vez reconfortante.

En las Visiones de la antigüedad os dejo hoy un artículo de febrero del año 1979 titulado “Juan Pablo II: comienza un Pontificado”. Me pregunto si, en mi caso, no estaré reaccionando con César como la muchedumbre que se quedó paralizada en la plaza de San Pedro cuando se anunció el nombre del nuevo cardenal que calzaría las sandalias del pescador. ¡Un Papa extranjero y además polaco!

Como siempre sucede, el tiempo dará o quitará la razón y demostrará lo equivocados que estuvimos los dos anteponiendo signos, doctrinas e ideologías a los amigables encuentros que hoy por hoy dejamos que se produzcan al albedrío de Dios. Desearía sustituir la cuerda tirante por una foto de los dos juntos.

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28 Agosto 2009

En el último reconocimiento médico de la empresa, la doctora me preguntó:  "¿Alguna causa importante de fallecimiento en tu familia?. Siempre pensé que la muerte está provocada por algún motivo y que, más que de importante, lo definiría como trágico. Mira que ensayamos respuestas a posibles preguntas y en el lugar más insospechado descubrimos que nunca se está preparado para todas.

Después del esfuerzo mental por recordar la razón de partida de los que conocí, y de los que no, no me quedó más remedio que contestar: "pues reseñable o no, siempre que alguien muere es por algo". Omitiendo mi interlocutora la filosófica verdad que acababa de enunciar, comencé a recitar una a una todas las patologías padecidas por mis padres, abuelos y bisabuelos, ante la presencia más tiesa, imperturbable, adusta y mesurada que me hará reconocer a la parca llegado el momento.

Me dio dos sobres cerrados, uno grande con un rotundo  "CONFIDENCIAL" de rojo peligro  y otro más pequeño rotulado con la leyenda  "NO ABRIR. EJEMPLAR PARA LA EMPRESA".  Revisé el primero una y otra vez y tras comprobar que no aparecía advertencia alguna del tipo  "ABRIR UNICAMENTE EN CASO DE MUERTE",  leí atento el diagnóstico. Todos los valores del análisis de sangre dentro de los parámetros recomendados, pruebas de audición correctas, estudio de la visión bueno, estado general satisfactorio y ....un momento Antecedentes familiares, infarto de miocardio (posible). El paréntesis me mató.

No deja de ser una predicción a largo plazo, cosa que demostraré con el paso del tiempo. La ciencia avanza y, en los ciento diez años de edad que pretendo cumplir,  consideraba - y hablo en pasado-  como vital e indispensable el papel que desempeñaría la medicina del futuro. Os presento una nueva entrega de los Recuerdos del futuro que nos transporta en esta ocasión al mes de febrero del año 1962 para hablarnos de una visión futurista que me viene como anillo al dedo: ¿Cómo será el mundo dentro de cuarenta años?

Sobre el contenido del blanco y misterioso emisario que se quedó mi empresa nada puedo decir. Ahora bien, y mirando por mi salud, ¿tendrá que ver algo con que en el último año han dejado de tocarme las narices?

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19 Agosto 2009

Recuerdo alguna que otra conversación con mi abuelo. Intento que no se me olviden para evitar que se pierdan para siempre.  Recuerdo un entretenimiento que a mis hermanos y a mí nos gustaba especialmente y al que una y otra vez jugábamos mientras íbamos de paseo con él: Veíamos coches y elegíamos cual tendríamos cuando fuésemos mayores. Le recuerdo comentar entre risas “...cuando seáis grandes, quién sabe los coches y cosas que existirán. ¡ Seguro que hasta vuelan!”

Recuerdos y pronósticos a largo plazo, escondidos bajo el polvo de décadas,  a los que dejamos de aferrarnos mal aconsejados y cegados por la madurez. Os propongo una aventura que no podréis rechazar: Viajar al pasado sabiendo lo que hoy sabemos. No necesitaremos equipaje, ni víveres. Tan solo una pala de imaginación con que desenterrar la parte olvidada  por los años. Han caído en mis manos unas pequeñas joyas que deseo compartir esperando que nos ayuden a revelar de nuevo las estampas. Viajemos juntos, comentando, riendo, maldiciendo o que sé yo, pero sobre todo recordando y comparando lo conseguido y lo perdido.


ENERO DE 1979

 

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