Es cierto que lo que somos los hijos se lo debemos a los padres y prueba de ello es la herencia de muchos de sus gestos, manías, virtudes, valores, pasatiempos y, los que tenemos el orgullo de seguir viviendo en la misma casa en la crecimos, de sus chapuzas de años atrás.
Mi padre ha sido y es un manitas, de lo que ha presumido él y sus hijos. Unos de sus muchos lemas y enseñanzas al más puro estilo del maestro de Kwai Chang Caine (por todos conocido como Pequeño Saltamontes), que he escuchado desde pequeño y que revivo como los interminables flashbacks de la serie cada vez que hago una obra, me lleva a huir pavorosamente de no contratar los servicios de un profesional. Raras veces decido adentrarme en el inexplorado mundo del lado oscuro de las reformas y mucho menos en las ciénagas en las que convierto la cocina o cuarto de baño cuando, un simple desatranco, se convierte en obra mayor.
“Mientras yo pueda hacerlo, no será verdad que aquí entre nadie al que tenga que pagar”.
¡Que gran eslogan! Gracias padre por haber sacado la casa adelante con tu sacrificio y trabajo, que ahora tengo que pagar con el sudor de mi frente.
Eran otros tiempos en que la funcionalidad estaba por encima de la estética y si se hacía una reforma en la cocina y las tuberías y el bote sifónico seguían tragando, no había razón alguna para, después de veinticinco años, desaprovecharlos. Se ponía un suelo sobre el otro, quedando las cañerías en el subsuelo, un taco de madera que enrasara el embellecedor y asunto arreglado. Cuanto daño hicieron las entregas por fascículos de los años 70 y 80 y cuanto mal están haciendo los chavales de Bricomanía vendiéndonos la trola de que podemos construir una mansión con cuatro ladrillos y todas las herramientas de la marca Bosch.
Llevo dos días con el desagüe abierto, embadurnado en mierda, con las uñas más negras que el sobaco un grillo, soportando la pestilencia de todas las bajadas del edificio y lo mejor que he podido hacer, es coger el teléfono,llamar a un fontanero y quedar esta tarde con él para que levante todo el suelo y cambie lo que mi augusto padre consideró nuevo, por el módico precio de un infarto a mis treinta y ocho años.
Puede que nos hayamos vuelto demasiado cómodos o que no confiemos en nuestras posibilidades, demostrándose que nuestros antecesores eran de otra casta, pero lo que puedo asegurar a todos los padres del mundo, es que debería existir un seguro contratado de responsabilidad paternal que cubriera los gastos generados por el derroche de creatividad y aficiones de juventud por hacer y deshacer en la choza.
Es un día frío en Madrid y todo apunta a que la noche será de abrigo por lo que, queridas Majestades de Oriente, he decidido cerrar las ventanas, informando al real trío que podéis entrar, para dejar los regalos, por el boquete que tendré en el suelo pudiendo beber vuestros camellos directamente del caño que baja del vecino de arriba. No me dejéis regalos, prefiero el dinero que invertiré en el desaguisado. Si veis a mi padre decidle que me deje en el zapato lo mismo.
La foto no es de mi cocina, pero se le parece.




Cuanta razón tienes Miguel aunque yo pienso que no todos tenemos que saber de todo ni intentar hacerlo todo, sino para que existen los oficios... ? jajaja a lo mejor pienso así porque mi padre nunca fue un manitas ( mis hermanos si, por eso) pero vamos hoy en dia con tanto paro si nos ponemos a arreglarnos todos nuestras chapucillas habría mucha gente que ni de eso podría vivir... Espero que tu averia se solucione pronto... y que los Reyes sean generosos contigo... un beso.
Hola Miguel, espero que los Reyes sean buenos y te dejen la casa en condiciones. Un abrazo.
Jajajajajajaja es que solo de imaginarme el desaguisado que tienes montado en casa ya he tenido para reirme un rato... y no es porque tenga maldita gracia si no porque me he visto tan identificada con esos momentos en que uno se dice "yo puedo" y después de acabar con los nervios, la paciencia y los (escasos) conocimientos uno claudica y agarra el teléfono...
Pero como te digo lo uno te digo lo otro ¡qué puñetas! al menos hay que intentarlo, que de llamar al fontanero-albañil-electricista siempre hay tiempo. Aunque quizás meterse en semejante berenjenal el día antes de Reyes sea un poco suicida.
Pues nada, espero que los camellos no se enfermen en exceso bebiendo de los bajantes.
Un abrazo
Que bonito, reírse de las desgracias ajenas. Ya te imagino en el rato que habrás pasado a mi costa.
Un abrazo.
Amiga Iluminada, si el Escorial vio su final de obra, en mi casa, aunque tarde un poco más también llegará.
Un abrazo.
Jo, que tosco, lo mismo a tu padre cuando te vendió el piso se le olvidó decirte que cuando dijo que la cocina estaba nueva se refería a los azulejos, la estampa de tu cocina prefiero no imaginármela, ese agujero debe dar vértigo, y seguro que como mañana es fiesta el fontanero como mínimo no viene hasta el miércoles, y mientras tanto....
Lo que espero es que no seas como mi marido, que cuando se pone a hacer alguna chapuza se caga en todo lo habido y por haber, por no oírle los niños y yo nos vamos donde sea.
Besitos.
Animo Miguel Ángel, y Feliz Día de Reyes !
Espero que si el trío no te ha dejado los cuartos, sea la Lotería del Niño la que te permita acabar el desaguisado cuanto antes...
Arrivederci !
Hola Miguel Ángel, me has hecho reír con tu texto, mi padre tuvo que ir a la misma escuela de FP que el tuyo, vamos, seguían el mismo método...
Seguro que los Magos te arreglan el desaguisado y si no, pídele ayuda al gobierno, ellos lo ven todo muy "solucionable a corto plazo"...eres genial, que lo sepas¡¡¡
un abrazo.
Pozí, a qué negarlo jejejejejeje fue un buen rato.
Saludos para el manitas.
Tienes un fantástico sentido del humor.