El puente de San José en los colegios ha llegado y para los que tenemos niños a nuestro cargo, no ha sido por sorpresa. La matutina cuenta atrás con la que nos hemos despertado esta última semana ha sido la encargada de que estemos preparados y no dejemos que el caprichoso azar nos reserve sorpresa alguna.

Las frases típicas que de niños hemos escuchado, tales como "...Bendito colegio" , "..los profesores si que viven bien", "San Herodes" o "...si volviera a nacer no iba a tener ni peces", son acalladas por el coro de gritos y risas que desde el patio nos regalan los peques a los que hoy les hemos llevado a la escuela.

En la vorágine, mi subconsciente, como el filtro del servicio de inteligencia que chequea miles de conversaciones al cabo del día en busca de la palabra "bomba", ha detectado y pasado al departamento de la curiosidad una frase que se ha repetido con frecuencia por muchos de los que nos congregábamos a la entrada: "CON LOS ABUELOS".

Y siendo el día que es, no es difícil averiguar a que contesta la rotunda afirmación.

¿CON QUIEN VAS HA DEJAR A LOS NIÑOS?

Un año más tienen el privilegio de ser la piedra de Rosetta que descifra el jeroglífico que supone la conciliación de la vida laboral y familiar.
Muchos por obligación y, otros por comodidad, acudimos a los sufridos parientes que cambian sus hábitos sin rechistar a la espera de una cordura no inculcada que sigue sin aparecer.

Los que pertenecemos a la generación del yogur, asimilamos y nos empapamos del mensaje subliminal que todos los sábados, durante la hora de la comida, nos enseñaba Heidi:
¿Dónde va a estar mejor la niña que con el abuelo? Y listos como somos, nos aplicamos el cuento hasta la realidad de nuestros días.

La concesión del tesoro mas grande que tenemos los padres no está exenta de varias condiciones impuestas - que no pactadas- antes de dejarlo en custodia con los que, se nos olvida, están curtidos en mil batallas en la difícil guerra de la educación. La teoría que dice que con cada nueva generación se mejora el producto, se abre paso en los heridos corazones de los mayores que se preguntan: ¿En qué momento se volvieron idiotas nuestros hijos?

Es como pedir que te ayuden a empujar el coche que se ha quedado sin batería y dar a los buenos samaritanos guantes para que no manchen el maletero con el sudor que les producirá el esfuerzo.
¡No es un gesto bonito, pero la confianza da asco!

Siguiendo, para evitar suspicacias, con el ejemplo de la niñita de dibujo animado que siempre feliz danzaba colina arriba y ladera abajo jugando a la saltacabrilla como bajo los efectos del éxtasis, el peor parado sería sin duda el Sr. Herman Hensen que tendría que afeitarse la barba blanca por lo de las erupciones cutáneas en la sensible piel de nuestros querubines.
Niebla seria atado a un árbol al lado del riachuelo, que tampoco hay que ser inhumano con las bestias, para evitar contagios y mordeduras y su cartilla veterinaria debería ser la envidia de los aspirantes a astronautas de la NASA para poder penetrar en el perímetro de seguridad.
Copo de Nieve recibiría electro-sock en las ubres para uperizar la leche antes de servirla en la merienda y se olvidaría de pastar en los verdes prados que no aportarían el calcio necesario, presente en cualquier pienso, para el crecimiento de los chiquillos.
El pobre Pedro, al que ninguno querríamos como yerno, puede que tuviese salvación si se prestase a asistir a los cursos que el Sr. Aznar imparte en Georgetown sobre "como ser útil en una sociedad moderna y no caer en la izquierda".

  • La siesta prohibida, abuelito -diríamos tajantemente- que luego no se duerme y YO, tengo que madrugar.
  • Si se diera el caso de tener que pasar aquí el niño la noche, no se te ocurra acostarle en tu famosa cama de heno fresco, que tienen la espalda muy blanda y se les tuerce.
  • Que no coma chucherías.
  • No le grites que le estresa mucho.
  • No le regañes que luego se enfada su padre, y sobre todo, no le enseñes a silbar que parece un cabrero.
  • El baño a las 20:00 en punto. Te traigo el pijama para que se lo pongas que luego se queda dormido en el coche y para que quiero más si le despierto y se desvela.

Y bla, bla,bla, bla....hasta el infinito y más allá.

Os aseguro que el abuelo de Heidi se iba de viaje con el Inserso al desierto del Sahara y se llevaba a la abuelita ciega aunque tuviera que liarse con ella.

Es curioso que escribiendo esta entrada me de cuenta de que mis padres se fueron a vivir fuera de la ciudad cuando empezamos a tener hijos. Les vemos todos los fines de semana porque los kilómetros que nos separan no son muchos, aunque si los suficientes para no ejercer de súper-yayos.
Si me lee alguno de mis hermanos, ¿no os parece una sospechosa coincidencia?

Una cosa más antes de terminar:

  • No les dejéis ver Shin-chan no sea que estos cabronci....digo angelitos nos metan a un asilo cuando seamos abuelos.