¿Por qué no iba a ser yo uno de los millones de españoles que durante la sagrada siesta, ven los documentales de la 2?

Hoy, como fondo del reposo, el aullido del lobo ibérico, mucho más relajante que el estresante reclamo del bisonte americano y, con el intermedio, el siempre presente zapeo que me llevó a un canal de noticias devolviéndome a la realidad de siempre: Un atentado, un artefacto explosivo, otra trama de corrupción,, otra mujer víctima a manos de su ex-pareja…

En mi cabeza, el paralelismo entre los dos programas fue inevitable.

El hombre es un lobo para el hombre - vino a mi memoria - y no sabe Hobbes hasta que punto fue consciente de la gran verdad que enunció.

El proscrito mítico que campeaba por las mesetas y sierras de nuestra España, ha regresado extendiéndose por el mundo más debastador que la peste.

Bien podría estar hablando del cánido, pero lo estoy haciendo del mortal humano.

Los nuevos bandoleros, organizados en manada, han vuelto a rememorar las gestas del inolvidable Curro Jiménez, aunque el noble fin es evidente que ha cambiado.

El lobo y el hombre. Tan iguales y tan distintos. Fuente de inspiración para cuentistas, narradores y refraneros populares. El mismo camino recorrido a lo larga de los tiempos, pero cada uno en su sitio; como nos gusta decir, marcando las distancias.

Luperca fue la loba escogida para alimentar a los fundadores del más grande imperio de la historia, más que por la nobleza que representaba, por lo poco romántica que se antojaba la idea de cimentar Roma sobre una amantísima puta que ejercía cobrando por sus favores en algún lupanar ambulante de los alrededores (No olvidemos que en latín lupa significa igualmente loba y ramera). Queda mejor una escultura de Rómulo y Remo mamando de la mamífera animal, que de una mortal infeliz que se apiadó de los hijos de Marte.

Hoy, en pleno siglo XXI y como cachorros de otros dioses, los por siempre desalmados representados en terroristas, maltratadotes, violadores, asesinos, dictadores y demás cabrones, reclaman su linaje y dejan claro de quien fue la ubre que chuparon.

De un lado, el lobo presente en leyendas góticas de todas las culturas, de otro, el hombre maldecido a implorar a la luna aullando en un coro de llantos como el licántropo que sufre y hace sufrir.

Ambos sociables, vivimos y viajamos en grupos organizados y cuando salimos a cazar, ¿qué mejor que hacerlo en manada?

El jefe cuida y procura sustento al grupo, pero cuando ya no sirve es apartado y sustituido, tras la pelea de rigor que tantas veces libró, por otro más fuerte y con más carisma. Una nueva similitud entre los dos caminantes y, sino, véanse titulares de prensa escrita, sección política, para darse cuenta de cual encarnizada es la lucha por la sucesión.

¿Cuándo sustituimos la nobleza del instinto, por la miseria de nuestra evolución?

La media noche esta próxima.

La luna me llama y atrae mi atención.

No puedo dejar de mirarla, tan llena de luz robada, al alcance de mi mano que ya temblorosa, no es capaz de seguir escribiendo.

Comienza la mutación, del ruin humano al noble animal.

 

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