Más de siete mil millones de personas habitamos La Tierra. Se estima que tenemos unos cien mil millones de neuronas, cifra que estoy seguro depende de la cabeza en que se haga el recuento, y que si cada una supusiera un recuerdo, se daría explicación a la locura de vivir. Intentamos desechar lo malo, pero debido a una nula capacidad y control irrisorio sobre la mente, es el azar el que recuerda cual olvidadiza es la existencia. Como si se tratara de una cirugía invasiva y en un intento por desprendernos de las dolorosas experiencias, se destruye a la vez información importante que quedándose en la punta de la lengua, tragamos y digerimos en frustración hasta que olvidamos también lo que nos mantuvo ocupados ejercitando el desconocido órgano mientras intentábamos acordarnos.

Recientemente me he cruzado con alguien que sin ser desconocido le he tratado como tal por culpa de una conexión perdida en el laberinto de lo nada habitual. El intento por dar con una pista, un nombre, una ubicación o un momento preciso, me ha planteado la duda de saber cuantas son las personas que se cruzan en nuestro camino y las que seremos capaces de recordar a la vuelta de unos años: Diez, veinte, cien, quinientas....

 

Internet nos ofrece un extra añadido a la relación interpersonal que, vista la convivencia que hemos tenido los navegantes que nos hemos conocido a través de las bitácoras, me lleva a considerar también ésta una forma válida para entablar amistades y relaciones propiamente más “platónicas” que los amoríos entre persianas, que no se sabe bien cuando están abiertas y cuando cerradas. ¿Quién no ha sentido el deseo de conocer más de quienes nos visitan desde otras pantallas en  países como Argentina, Chile, Panamá, Paraguay, EE.UU, Francia, Méjico..., o de ciudades cercanas como Zaragoza, Barcelona, Vigo o Madrid, por citar algunos? Tenéis la deferencia de seguir los escritos que en aciertos o fracasos conforman la afición por no dejar caer en el olvido las vivencias propias, pero disfrazados de anónimos vetáis el agradecimiento merecido.

 

A partir de hoy y a modo de experimento, que espero se convierta en zona de paso y vía de comunicación entre muchos de nosotros, entra en funcionamiento el “Foro del Portaminas” con el que pretendo que os vayáis presentando todos los que queráis entrar a formar parte del entramado de un camino. Del mío. Al principio será fácil poner en el aprieto a los que trato con asiduidad. Como es normal surgirán comentarios sobre la dudosa viabilidad del proyecto y puede que los juicios de valor acerca de la escasez de seguidores se conviertan en mi sentencia de introvertido, pero, “la aventura es la aventura” y solo existe algo peor que el miedo a poner en marcha una idea: la cobardía al fracaso.

En el “foro del portaminas” se podrá publicar cualquier tema que te parezca interesante y someterlo a debate, así como, si se quieres, enlazar con el blog o página personal de cada uno.

Como el “movimiento se demuestra andando”, no me enrollo más.

Espero que os guste esta iniciativa y la hagáis también vuestra.