...¿Alguien sabría decirme cuál es el superlativo de pobre?
- Ese día, en clase, levanté la mano para responder a la pregunta de la maestra. Treinta años después he comprendido el verdadero significado del término paupérrimo.


En nuestro ya cotidiano vistazo al mundo, recibimos la dosis diaria de penurias que se nos antojan lejanas.
Para cualquiera de nosotros, inmersos en una sociedad consumista, nos es imposible imaginar una vida sin hacer o poseer lo que hemos catalogado como básico o de primera necesidad: comida, calzado, ropa, agua corriente, luz, electrodomésticos, Internet...

No concebimos en su totalidad como es posible que un grupo de hombres, mujeres y niños rebusquen que llevarse a la boca saboreando la desesperación. Los que nos llamamos civilizados hemos contribuido con un patético comportamiento, cambiante moral, nula implicación, equivocados objetivos, falsas metas, ilusas expectativas, absurda honestidad y sepultada humanidad, a que montañas de pobreza sirvan de recreo a la vista y oculten la verdadera vida en el valle. Somos en parte o en su totalidad y por una razón u otra, responsables de contribuir a la forma más superlativa de la miseria.

Ironías de la vida, desde el complejo residencial en el que habitamos es reconfortante comprobar como el dicho "...siempre que estés mal mira abajo y verás a alguien que está peor..." es tan cierto como profiláctico.

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