¡Angelitos! Como disfrutamos de nuestros pequeños querubines, tan graciosos todos, inocentes en esencia, capaces de sorprender al más docto de los adultos en una montaña rusa de perplejidad sin fin.

Su educación es importantísima, no estando exenta ni de riesgos ni de víctimas. Y si no que se lo pregunten a Marcus, nombre del corderito que fue criado desde pequeño por un grupo de estudiantes británicos. Le dieron de comer, de beber, le asearon, le abrazaron, le pasearon, y un buen día decidieron enviarle al matadero. La medida, aunque drástica, fue democrática dejándonos a todos más tranquilos; a todos excepto a Marcus y supongo que a sus padres que ven nubarrones negros en el horizonte de su vejez.

El consejo escolar formado por catorce inocentes de entre seis y once inviernos –me es imposible hablar de primaveras en semejantes corazoncitos- aprobaron por trece a uno que eran muchos los gastos y trabajo y pocos los beneficios obtenidos por el animalito. Algunas asociaciones protectoras se ofrecieron para adoptarlo, pero como dijo el director del centro, que hay es nada la infancia que tuvo que tener:

“Cuando empezamos la granja en primavera en 2009, el propósito era educar a los niños en todos los aspectos de la vida campesina y todo lo que implica. Los niños han tenido una serie de oportunidades para debatir esta cuestión, desde el punto de vista del ciclo alimentario como del aspecto ético... Es importante para todo el mundo pasar de estos temas, para que los niños se puedan centrar en su educación”.

Hablando de mocosillos, espero decisiones propias de la edad: no tirar a Marco por la borda cuando le descubren como polizón, no cargarse a Maya por ser una abeja curiosa que entró por la ventana o que no crean que Mazinger Z está liado con Afrodita desde que empezó con sus pechos fuera. Solo falta que cuando los compañeros de los acólitos de Torquemada denuncien que no les dan bocadillos en los recreos y que nadie juega con ellos, pongan el grito en el mismo cielo desde el que Marcus se caga en la madre que les parió como solo un borreguito sabe hacer, en bolitas a modo de pedradas.

Si esta entrada la publico antes de conocerse la propuesta de elevar a autoridad a los profesores de colegios públicos en la Comunidad de Madrid, pensaría que Esperanza Aguirre lee mi blog. Más le valdría a la Presidenta elevar a la categoría de “Enemigos Públicos” a algunos alumnos.