Don José, un amigo mío que no conoce la existencia de este blog, me ha regalado algo.

Dentro de una caja vacía de los cigarros más raros que he visto en mi vida en la que pone 200 filter Cigarette tubes, vienen cuidadosamente envueltas dos piedras. Tiene guasa la cosa; ¿Para qué quiero yo dos piedras? –le pregunté-, y sobre todo ¿Por qué están envueltas con tanto mimo?

Con la mayor de las cautelas desenvolvió una y me la pasó, no sin antes advertirme del cuidado que debía tener. Seguía sin entenderlo hasta que pronunció: “el milagro de la naturaleza se encuentra dentro, en el interior, bajo la fea roca que con ayuda del tiempo ha deslucido la belleza de la rosa de yeso que, aun así, florece”.

Desde que le conocí intuía yo la psicología que tenía, virtud que ahora estoy seguro posee, interpretando con solo mirarme la llamada de auxilio del que ha perdido algo. Y ese algo son las ganas de crear, el empeño por plasmar en unas líneas la esencia de lo que nos rodea, el compromiso de agradecer el formar parte de una ridícula escena sabiendo sacar un mensaje en forma de pétalo. Ese todo, es mi flor perdida. He permitido que temas como la política, odios, enfados y rabietas hayan rodeado las ganas con las que comunicaba y disfrutaba escribiendo.

Empiezo hoy por el principio. Como armas una aguja y un cepillo de dientes con los que pacientemente debo empezar a rascar y limpiar, a arañar partículas de rumbo perdido y pulir con sentimiento. Y así día tras día hasta que consiga que la rosa de yeso que me han regalado florezca a los ojos de los que como yo, simplemente vieron una fea piedra.

Muchas gracias, Don José.