Antes de empezar a profundizar en el tema de las pruebas realizadas y las conclusiones obtenidas, me gustaría tratar en las próximas entradas las penurias, simulacros, problemas de financiación y anécdotas del grupo de personas que tuvo la oportunidad de analizar seriamente la Sábana Santa por primera vez. Creo que es la parte de esta historia menos conocida, y que no por ello debiera resultar en el olvido por parecer la menos importante.

En 1978, un grupo de científicos norteamericanos fue autorizado a analizar directamente el tejido y a utilizar el material técnico más moderno en la realización de pruebas físicas, químicas y biológicas. El objetivo era encontrar una explicación racional de las imágenes, que resolviera de una vez por todas la controversia. Es evidente, pasadas tres décadas, que no lo consiguieron.

Lo que vais a leer desde hoy y bajo el título "Los ojos de la ciencia", está sacado de un condensado del informe escrito por el doctor John H. Heller, catedrático de medicina interna y de física en la Universidad norteamericana de Yale.

Nunca había oído hablar –ni mucho menos visto una fotografía- de la Sábana Santa. Cuando en 1978, la vi, me sentí sorprendido. Pensé que sería algo parecido a las pinturas o imágenes de Jesucristo que ya conocía. Pero era algo distinto; nadie podía describirla como un objeto artístico.

Yo no sabía que la fotografía que tenía ante mis ojos había sido retocada; en realidad, las imágenes de la Sábana son tan tenues, que sólo son visibles a una distancia de uno o dos metros. A una distancia superior, se confunden con la textura del tejido. Además, en la fotografía, las imágenes estaban al revés; eran unos negativos donde lo blanco y lo negro, la izquierda y la derecha aparecían invertidos. Decir que no quedé impresionado no sería del todo justo.