Decía Carlo Dossi que los locos abren los caminos que más tarde recorren los sabios; personalmente opino que una de las razones para ello es que los del segundo bando, cuerdos unicamente por definición,
nos pasamos al lado de los majaretas al sufrir las consecuencias de sus decisiones.
Mi reciente viaje a Galicia me ha servido, entre muchas otras cosas, para descubrir que toda la confianza depositada en mi idolatrado navegador es la misma que la del pueblo que adoró al becerro de oro y que, a las primeras de cambio perdido y cansado tras vueltas y vueltas, dejó de creer. En ninguno de los casos la culpa fue de un dios, ni siquiera del satélite: chiflados y sensatos tuvimos algo que ver.
Si quereis poner a prueba vuestra fe os recomiendo intentar llegar a un destino siguiendo las indicaciones de un programa informático preinstalado, mientras que operarios de urbanismo y policías se dedican a cambiar sentidos de las calles, pintar rayas continuas tapando discontinuas corduras y prohibiendo el paso desafiando a toda razón; todo ello bajo la lluvia, la misma ducha gallega que observé desde los grandes ventanales de aquel quinto piso mientras otros conductores, lúcidos en principio, se pasaban al lado de los lunáticos. Con una sonrisa en la boca como respuesta a ademanes robados entre parabrisas y pitadas, olvidé los malos momentos conducidos.
A pesar de todo, Vigo me dió la bienvenida enviando una anónima embajadora capaz de abrir un claro en tan nublada experiencia.




Me has echo reír a pesar de la nube de nostalgia. Genial eso de echarle la culpa a los pobres funcionarios de urbanismo de la falta de sentido de orientación de tu navegador. Jeje.
Es muy positivo eso de buscar el lado seco de la ciénaga pero, por mucho que me lo expliques, nunca entenderé cómo nada humano ni divino puede conseguir abrir un claro en una ducha gallega de cinco días, cinco. Y conste que esto lo escribo medio a ciegas por el resplandor en mi pantalla de un sol tan deslumbrante como desconocido para esos más que pacientes viajeros que, los dioses sabrán porqué, parece que seguirán siendo buenos amigos.
Fue un placer darte la bienvenida y otro mayor aún disfrutar de tan buena compañía.
Bicos soleados y una grandísima aperta.
Después de tan conmovedora experiencia sólo cabe añadir: vini, vidi, vinci.
¡¡¡¡¡Qué casualidad!!!! Yo también he estado por Galicia estos días de atrás, pero hay que ver lo que son las cosas, ni me había enterado de que había llovido, o iba muy bien protegida contra la lluvia o estaba tan feliz que aunque hubiera nevado ni me habría enterado oye, y es que yo también tuve una embajadora que rozaba lo divino.... bueno, a ver si uno que yo conozco me instala el ordenador donde suelo editar las fotillos y esas cosas y puedo publicar lo mío, y que conste que a mí no me gusta malmeter y Dios me libre de hacerlo....
Me ha parecido que alguien por ahí arriba decía que hace un sol resplandeciente en tierras gallegas pero no le he echado cuentas, jeje
Bicos y un vinito que es la hora.
¿Sol en Galicia? No me lo puedo creer ya que el mismísimo Florenci predijo lluvias hasta el domingo, osea, mañana.
Jo,
Julio César lo tuvo más fácil. Por el contrario yo llegué, vi y ....me vencieron con un pulpo a la gallega.
Mayca,
me uno al vinito. ¿alguien más?
Hombre, es que mi tierra es hermana del agua, por lo menos en según qué épocas XD. Vuelve en verano y ya verás qué cambio.
Nada tengo en contra de la Galicia húmeda que he conocido, es más, he venido encantado hasta del tiempo. No sabía que eras gallego y ahora comprendo la descriptiva escritura paisajística de la que haces gala en tu blog. Un abrazo.
Si hubieras estado en Galicia desde un mes de noviembre hasta un mes de mayo del año siguiente solo los días laborables hubieras conocido lo que es ese "microclima" del que ellos hablan, siempre los parques llenos, música de jazz en las salas, mesones donde disfrutar de una cena improvisada, ver el mar desde la ventana del despacho del jefe y al bajar a la calle asombrarte del color del cielo.
Tengo buenos recuerdos de esa época (los malos los he enterrado, que no fueron pocos).
Siempre hay que sacar lo mejor de los viajes y del camino, pequeñas anécdotas que te hagan sonreir.
Viva Galicia!