Lo más reconfortante tras descubrirte una manía es comprobar que haces las mismas extravagancias que tus semejantes.

Como peatón, cuando llego a un semáforo, lo evidente y normal es pulsar el botón y lo ridículo es hacerlo cuando alguien ya lo ha hecho.

... y si el paisano que está esperando no lo ha apretado correctamente - es la duda que me asalta cuando pasan los minutos y el dichoso muñequito color marciano no aparece-, por lo que vuelvo a comprobar el pulsador ante la cruel realidad de ver como un tercer paciente y primo, que se encuentra al otro lado de la vía, lo está haciendo también.

Tres personas dominadas por la impaciencia y total para qué, si frente a la desesperación, terminamos cruzando antes de tiempo entre vehículo y vehículo.

Fijaos a partir de ahora en lo que os cuento y, cuando una sonrisa maliciosa se dibuje en vuestras caras al comprobarlo, procurad que el conductor que frena para que pase el hombre invisible, no se dé por aludido.