Me gusta juntarme con amigos para comer y pasar un buen rato durante el fin de semana. Es una costumbre novedosa a la que me apunto últimamente sin protestar demasiado. Lo mejor de todo viene tras al banquete. Una buena charla tocando temas de actualidad, es el colofón perfecto siempre y cuando la sangre se quede en el estómago y la cabeza no necesite de un aporte extra que tenga como consecuencia el corte de algo más que el de la digestión.
El presidente Sarkozy, en España, es más popular de lo que pensaba. Reconozco que me asombró descubrirlo aunque no es la primera vez que me junto con personas que piensan que, sea lo que sea, por ser español, ya es inferior. Resulta que cuenta con el apoyo y admiración de buena parte de mis amigos comensales. La expulsión de los gitanos rumanos es la demostración del poder que le falta al presidente Zapatero - decían - y la solución a los problemas de paro que padecemos en el país.
Parece mentira que una sociedad como la europea, pretendidamente madura, ejemplo de cordura y de sabiduría por ser vieja, demócrata y asentada, esté cometiendo los mismos errores que la llevaron a la cabeza de la barbarie. ¿Senectud?
En un momento de acaloramiento les llamé nazis, cosa de la que me arrepiento. Viviane Reding pidió perdón por lo mismo y yo también lo voy a hacer a sabiendas de que, ayer, una guerra mundial empezó con el mismo guión.
Hemos olvidado que hace dos días los españoles emigrábamos. Que digo hace dos días; ayer mismo oía en televisión como pueblos enteros se marchaban a Francia para trabajar en los campos galos. Municipios que se quedaban habitados únicamente por ancianos y niños eran noticia porque los jóvenes y adultos en edad laboral partían para ganarse la vida igual que el “puto negro” o el “moro guarro” lo hacen aquí. Extranjeros españoles que trabajan de sol a sol, probablemente, por un sueldo inferior al que cobrarían los franceses.
Nos creemos más que nadie y ya no se nos llenan los ojos de lágrimas al recordar a Alfredo Landa corriendo, cargado con una maleta atada con una cuerda, tras un autobús de paisanos que regresaban de Alemania para pasar las fiestas de navidad junto a sus seres queridos. ¡Vente a Alemania, Pepe!, se titulaba la película (1971).
Cuanta mezquindad demuestran los que, hace dos días, tenían a un abuelo o bisabuelo lejos de casa, secándosele el alma bajo un sol extranjero, por dos duros, triste y acogiéndose a cualquier ayuda social a la que pudiera aferrarse, para que ahora a los nietos y bisnietos españolitos de hoy se les llene la boca de intransigencia, racismo y xenofobia.




Pues si es como lo cuentas, es bien triste a lo que hemos llegado.
Si Joaquín, es bien triste. No sé si te habrá pasado pero, ser minoría en esta clase de tertulias, te crea un malestar tremendo. Por más que argumentas e intentas hacer ver que la xenofobia no lleva a ningún lado bueno, no consigues nada más que cabrearte. Es una lastima que los fascismos antes y la ultraderecha ahora se crean soluciones a la crisis.
me gusto lo escrito...me has echo ver cosas que no habia visto ni leido......gracias
Pues imagina que esa conversación se de en tu propia casa y después de haber sido tú quien haya hecho la comida para los comensales, fregues lo cacharros, recojas la casa y tengas que poner cara de póker cuando se monta una bronca política. Y es que creo que para llevarse bien habría que preguntar a los amigos antes de ser amigos su tendencia política porque en mi casa se montan unos "pollos" con esto que ni te cuento.
Pero, te aseguro que tú, si vinieses a casa te encontrarías mejor que en la tuya propia hablando de política.