Diferencias entre un hombre y una mujer hemos leído muchas y pueden ser más o menos discutibles, pero diferencias entre el sexo masculino y el femenino deducidos mediante la observación mientras se recoge la mesa después de comer son irrebatibles y hacen sentir al macho dominante, en este caso a mí, como el samaritano que llega a auxiliar al cadáver y le arranca el puñal del pecho, no sé con qué fin aparte del puramente cinematográfico, en el momento justo en que entra la policía.

Yo no he sido - gritaba mi ego herido cuando María, honorable invitada, iba cargada hacia la cocina con platos, copas y botellas mientras yo portaba un pequeño cuenco con aceitunas y un pedazo de pan-. Inesperadamente dijo a mi mujer“…esta es la diferencia entre nosotras y ellos, que somos capaces de llevar varias cosas a la vez aprovechando el viaje.” Y de hacer y pensar –me vino a la boca adelantándome al siguiente ataque-. Un tiro certero al corazón varonil, prepucio dolorido cual patada en las pelotas sin posible fuera de juego por romperlo olivas y miga.

En mi infancia me enseñaron a recoger la mesa, a fregar los platos, a limpiar el hule. Es más, hasta que la cocina no se había barrido y fregado, el trabajo estaba inacabado. La primera vez que fui a casa de la abuela Catalina y terminamos de comer, me levanté solícito para ayudar hasta que dijo: Miguel, tú sentado, que habiendo mujeres ¿cómo va a recoger la mesa un hombre? Generalmente las mujeres tienen razón. Las de antes y las de ahora.

He aprendido la lección y creo haber encontrado el equilibrio entre tradición y evolución. El secreto está en sacar pecho, dejar claro quién es quién. Establecer sin negociación cuales son las obligaciones de cada sexo. La próxima vez me quedaré sentado en la mesa, esperando impávido, sereno, con arrebatadora personalidad, impertérrito como un perro chihuahua a que me digan que salte para yo responder a la mujer: ¿hasta que altura?