El eterno dilema de la botella, ¿Medio llena o medio vacía? ¿Un año más o un año menos? Oficialmente, desde el fin de semana, un nuevo árbol luce en mi salón. No me importa que sea el mismo de siempre, el sintético que pierde sus agujas de igual forma que el natural, el que hace catorce años adornó por primera vez una navidad en la terraza de un minúsculo piso de alquiler. Es nuevo porque el presente así lo quiere. Mi árbol navideño es como el familiar que veo de año en año, el que ha hecho un pacto con el diablo por lo poco que envejece y calla por respeto cuando me ve la cara a la luz de enchufados pájaros de colores. Sólo por el detalle, le quiero. Mi árbol navideño sigue igual de impaciente. Cuando corto los precintos empuja con fuerza las solapas de la caja en la que ha estado protegido. Tiene prisa por salir a reclamar su protagonismo y ser parte, una vez más, presidiendo, cenando, comiendo, brindando y dando cobijo a paquetes de regalos. Mi árbol navideño, y esto es lo más importante, es mi nudo en el pañuelo, el anillo cambiado, el trozo de cinta adhesiva en el cristal del reloj que me recuerda que el esfuerzo ha valido la pena, que soy afortunado por lo que tengo y que el señor Scrooge terminó pagando el pavo.
El seis de enero pasé todas las páginas del calendario hasta llegar a diciembre y en su primer día apunté telegráficamente: comprar adornos de navidad nuevos. ¡Que diablos, mi árbol se lo merece todo! Mis hijos se rieron por la lejanía del acontecimiento. Doce meses de por medio, el invierno, los exámenes, las fiestas, La Semana Santa, el frío, la primavera, los cumpleaños, el verano, los puentes, el calor, el otoño y el colegio. Yo también terminé riendo aunque no por el mismo motivo.
Fui arrancando las hojas una a una hasta plantarme aquí con la certeza probada de que todo continúa igual; los niños siguen regalando vida a borbotones mientras los adultos la tiramos cada vez más rápido hasta que somos conscientes, demasiado tarde y contemplando nuestro árbol, de que nos la han arrebatado.
He aquí una razón más para odiar estas fechas y dejar de celebrar un año menos. Así sería de no ser por mi árbol.




Yo también odio la Navidad, desde muy pequeña aprendí que la gente que más presume de lo que disfruta en estas fechas, de lo bonito de la navidad, del espíritu navideño son los más hipócritas y los que menos idea tienen de lo que significa.
Yo brindo por el espíritu navideño todo el año y por tu árbol también.
Esta semana iré a mi antiguo piso para rescatar el árbol que rescaté en su día de un contenedor. Es precioso, y cada año cuelgo en él todo lo bonito que pueda encontrar. Este año seremos dos personas adornándolo, mucho mejor que el año pasado! :)
Yo también me siento triste en estas fechas, supongo que cada uno por su motivo. Pero adornar el árbol y la casa me hacen olvidar un poco las cosas tristes de esta estación.
Y no te imaginas la memoria que estos árboles encierran entre sus agujas y en esa piel sintética. Nosotros en casa tuvimos un árbol como este que aún ajándose no perdía un ápice de su encanto.
Recuerdo un fin de año, tendría unos 7 años, todos estábamos emocionados con las campanadas, haciendo virguerías para no atragantarnos con las uvas cuando mi padre con toda su alegría destapó una botella de cava. El tapón salió también con mucha alegría y fuerza, tanta que no supimos donde había ido a parar hasta una semana después que procedíamos a guardar el árbol hasta el próximo año y entre esas agujas estaba él, el saleroso y brioso corcho del cava que como los ratones coloraós había hecho una de las suyas escondiéndose en el árbol.
Es una tontería de recuerdo pero gracias a él en estas fiestas ya tenemos media hora de risas aseguradas porque no hay año en el que el corcho que anidó en el árbol no salga a relucir.
Es un año más vivido y de nosotros los adultos depende que no sea un año perdido pero para eso están todos los 1 de enero, para proponernos vivir intensamente el año que comienza y no perderlo en nimiedades.
Personalmente para mi estos días que se avecinan están cargados de ilusión porque dejando al margen el carácter religioso y consumista que encierran es la excusa perfecta para reunirnos la familia y disfrutar con todos los que estamos, sin olvidar a los que de alguna manera se fueron pero viviendo el momento con todos aquellos que quizás otro año ya no estén.
Queda algo más de una semana pero..., ¡Feliz Navidad a todos! Y salud para el árbol ;)