Eva Braun, el juguete de Hitler. Una persona tímida, apasionada de los zapatos y de los perros; celosa de cualquier mujer que se acercara a su amado; mantenida a distancia, en el anonimato y sin embargo enamorada hasta el punto de manifestar en su cautiverio: “El tiempo es delicioso, y yo, la amante del hombre más grande de Alemania y del mundo, tengo que quedarme sentada en casa, mirando por la ventana. ¡Dios mío, si al menos él me respondiera!”
Eva Braun, la mujer de la que se mofaban las esposas de los principales jerarcas nazis pese a la insistencia de Hitler para que la trataran de manera respetuosa. Se cambiaba de ropa hasta siete veces en un día, se bañaba desnuda en el Koenigssee; fumaba y se maquillaba a escondidas, mostraba indiferencia en asuntos políticos, y cuando llegaban invitados oficiales a la casa del Führer, era enviada a sus aposentos; salía por escaleras traseras, pasillos ocultos y puertas camufladas.
Eva Braun, la mujer más infeliz de Alemania.
Tras leer un artículo publicado este fin de semana en el País Semanal titulado “El álbum privado de la Amante de Hitler”, me dio por pensar sobre la actitud que hubiera mostrado Eva Braun, como mujer, en la actualidad. En un primer momento me pareció imposible que ninguna fémina, en el año 2011, se prestara - de forma voluntaria y sin coacción - a la humillación que sufrió la joven sombra del Führer: escondida, relegada a un segundo plano por ser “pareja” de un hombre poderoso, apartada de la sociedad, utilizada como objeto sexual hasta el punto de tener que pedir ayuda a su médico particular para aplazar su menstruación, a fin de estar sexualmente disponible para Hitler. Todo por ¿amor?, por la suplantación de autoestima por poder y por disfrutar de una vida de lujo.
Caprichos de la memoria, surgió en mí el recuerdo de un programa de televisión emitido en Cuatro titulado “Casadas con Hollywood”, en el que se muestran las aventuras, obras y milagros de un grupo de españolas casadas por ¿amor?, disfrutando casual y análogamente de una vida de lujo.
María Bravo es una de las protagonistas de la serie. En la actualidad está casada con uno de los descendientes de los famosos joyeros Cartier y entre sus logros personales, de los que bien puede sentirse orgullosa, están: haber sido la novia de Bruce Willis y visitar a su amiga Eva Longoria para organizar fiestas.
Marieta Anderson, mujer del reconocido fotógrafo de estrellas Mark Anderson y, enfundada en un mono regalado para la ocasión, piloto de helicópteros –acompañada de uno titulado- desde que su marido la obsequió con el curso delante de las cámaras.
Pilar Baize, divorciada de su primer marido acaba de iniciar una nueva relación con Billy Colmes, estrella del Surf y toda una leyenda en Santa Bárbara, una de las zonas más caras y exclusivas de California. No se le conocen afición ni empleo.
Decía Sigmund Freud: "La gran pregunta que nunca ha sido contestada y a la cual todavía no he podido responder, a pesar de mis treinta años de investigación del alma femenina, es: ¿Qué quiere una mujer?”
Eva Braun y las chicas de Hollywood, por decirlo finamente y para tranquilidad del mundo, una especie dentro de la especie.
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Quizá lo primero deba preguntarse a sí misma cada mujer qué es lo que quiere. Hay veces en que ni ellas mismas lo saben. Otras solo creen saberlo, pero cuando ya lo tienen son aún mucho más infelices que antes de conseguir sus metas.
Estar en tránsito de perseguir algo es mucho más interesante que llegar a la meta, salvo que esa meta ya haya abierto nuevos caminos por los que transitar y se vislumbren otras posibles nuevas metas por alcanzar.