¿Cuánto tiempo llevará confeccionar una pancarta así? ¿Una hora, media, diez minutos, una eternidad? A primera vista, analizando la imagen, se notan las prisas: una cartulina, un rotulador negro, una mala fotografía –supongo que del presidente del gobierno- , una barra de pegamento, la falta de previsión en el encuadre inicial para evitar que se junten las letras al final de cada renglón; todos ellos signos de celeridad, pero no por salir corriendo para coger un buen sitio, sino fruto de un veneno profundo que lleva años corrompiendo a la persona y que, como casi todos los venenos, tiene prisa por mostrar sus efectos.

En la pancarta se pide la responsabilidad criminal del presidente y de los demás miembros del gobierno ante la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, por traición contra la seguridad del Estado en el ejercicio de sus funciones. Responsabilidad por, como todos los gobiernos españoles de la democracia hasta la fecha, haber intentado solucionar el grave problema del terrorismo mediante la negociación.

Es terrible perder a un ser querido por culpa de unos desalmados. Es durísimo ver como se intenta poner solución al conflicto de otra forma que no sea la de procurar el mayor de los sufrimientos al asesino. Por eso, suponiendo generosamente el martirio a esta mujer desconocida, comprendo la prisa aunque no comparta el lugar para mostrarla, en una manifestación contra una banda terrorista en la que los mensajes, claramente politizados, van contra un gobierno (cuales quieran que sean sus siglas) y no contra los que activan los detonadores y aprietan los gatillos.